¿A quién no le ha pasado? Se acerca nuestro primer día de vacaciones, y hay que preparar la maleta a conciencia. Pensamos en 2 o quizá 3 semanas (los más afortunados). Nos tomamos nuestro tiempo para hacer un pequeño planning mental de lo que será nuestro día a día vacacional y cómo vamos a vestirnos y calzarnos para cada ocasión. 
Empezamos por lo principal que no debemos olvidar: bañadores y bikinis, crema solar y ropa interior (parece algo insalvable). A continuación probablemente empecemos a pensar en los complementos que llevamos un año sin ponernos e incluso esos tan monos que hemos ido adquiriendo y esperábamos en esta ocasión para estrenar. Toalla, pareo, bandanas, bolsos, collares y pendientes, etc.

Una vez hecho el recuento de nuestros miles de accesorios playeros, pensamos seriamente en la ropa que vamos a lucir (y tenemos un claro plano visual en nuestra cabeza). No pueden faltar los vestidos, monos y pantaloncitos que llevamos tanto tiempo sin vestir y como siempre, lo que hemos picado entre rebajas y temporadas. Ya nos imaginamos infinitos escenarios con todo lujo de detalles como un típico anuncio veraniego de cervezas. El vestido de frutas con la pamela, amig@s y un tinto de verano en la terraza del chiringuito. Ideal. ¿Hará fresquito por la noche? Que no se te olvide llevarte una rebequita. 

Cuando ya hemos puesto sobre la cama nuestros 20 o 30 conjuntos estrella del verano (playa-paseo-fiesta) es el momento de que entren en la maleta. Relax, hay mucho espacio reservado, somos veteran@s en cuestión de viajes. No temamos, hay un truco infalible. Después de muchos años teniendo que sentarnos sobre la maleta para poder cerrar la cremallera, una amiga aún más veterana y curtida en mil batallas nos dio el remedio infalible, los "rollitos". Sí, hacer rollitos con toda la ropa. No te sientas como un itamae (maestro sushi), y haz rollos con todo lo que sea susceptible a ser enrollado (menos con tu gato). La clave es que entre todo y siempre quede hueco para las planchas de pelo o secador, el neceser y muy importante, los zapatos.
Tus zapatos son otra estrella del verano, ocupan poco espacio y estás deseando lucirlos cuando estés más morenit@. De pronto te encuentras con toda una gama de zapatos, divididos por categorías. Esparto con cuña y plano, planos de cuero, planos de colores, tacones y chanclas. Las últimas suelen preocuparnos menos, con un par suele ser suficiente.
Lo más normal es que decidas llevarlo todo, porque en la city no lucen igual que en la costa (es una ley no escrita). Bien, parece que lo llevamos todo. Pasan nuestras vacaciones, outfit viene y outfit va.
¿Qué ocurre a la vuelta? Aparte de sufrir un estrés postvacacional que no nos deja levantar cabeza, nos invade un sentimiento de frustración al abrir de nuevo nuestra maleta. No hemos usado ni el 60% de todo lo que hemos llevado (LOL) pero ahí ha estado en todo momento, acompañando todos nuestros " y si" y "por si". Este vestido me queda raro, este pantalón se pega mucho, este zapato me hizo rozadura el primer día. Además, casi nos dislocamos un hombro tratando de tirar de la maleta escalera arriba y abajo, ¿cómo aliviar tan pesada carga? 

Recuerda en tu próximo viaje: la ropa que llevo me sienta fenomenal, no necesito más de 10 conjuntos (siendo optimista) y sólo llevaré buen calzado, de calidad que no se rompa ni me haga daño. Quizá con 3 o 4 pares de buenos zapatos será suficiente. Creemos que "y si" y "por si" deberían quedarse en casa, así sólo te preocupas de desconectar y disfrutar, que para eso sirven las vacaciones. :)

Publicado: 23 de Agosto de 2018